El prepararse para ir a la escuela todos los días es siempre una historia diferente. Uno empieza por ese rudo trabajo de despertarlos hasta que se montan en el carro y empiezan las frases:
- Tania, ¿donde están las colitas para peinarte?
- Juan Marcos, el sweater...¡que está haciendo frío!
- Papá, hoy no tengo educación física, ¡es jueves!
Este sublime trabajo de salir de la casa siempre termina en algo ligeramente diferente al final feliz...siempre se queda algo, una llave, la cartera, el celular, alguno de los bolsos de los niños...
De entre las múltiples tareas que me tocan en la mañana una es la de acomodador de juguetes en los bolsos...aquí hay un ejercicio de contorsionismo que me tocó aplicarle a los muñecos del gordo hoy en la mañana:

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